¿Se equivoca la biblia al hablar de insectos de 4 patas?
Introducción.
Una de las ciencias de gran auxilio a la agronomía es la entomología, la cual es el campo de conocimiento que estudia los insectos.
Desde el punto de vista anatómico, los insectos se dividen en tres partes: cabeza, tórax y abdomen además tienen una de las característica que los hace inconfundibles: todos tienen 6 patas. Los arácnidos, como las arañas y escorpiones (que no son insectos, son arácnidos), tienen 8 patas y los miriápodos, que tampoco son insectos, tienen muchos pares de patas (como el ciempiés). Ningún invertebrado sobre la tierra se le conoce con menos de 6 patas.
Todos los insectos tienen: cabeza, tórax, abdomen y cuentan con 6 patas.
¿Por qué cree que la biblia menciona insectos alados de 4 patas cuando estos no existen en la vida real?
La biblia en el libro de levítico prohíbe el consumo de ciertos animales a los que clasifica en dos grandes grupos: limpios e inmundos, siendo uno de los criterios para la identificación sus características anatómicas. En general, la recomendación bíblica sobre la abstención de comer animales impuros debe entenderse en relación a la salud en virtud de su potencial para producir enfermedades dado que la ciencia cada vez arroja más evidencia frente a la inconveniencia del consumo de ciertos animales [6].
Los animales inmundos también fueron creados por Dios y cumplen una función muy importante. Así como el recolector de basuras hace un trabajo de limpieza recogiendo los residuos en procura de mantener aseado el vecindario, de la misma manera los animales que la biblia considera inmundos realizan un “trabajo sucio” dentro del ecosistema, su tarea es limpiar y ciclar los materiales de desecho para entregarlos a otros miembros de la cadena alimenticia de tal manera que se cumpla el ciclo de los nutrientes y finalmente garantizar la vida en la biosfera. Los animales considerados limpios, en la biblia, dado su comportamiento, realizan otra función, menos riesgosa en términos biológicos, pero no menos importante, su consumo como alimento humano podría ser menos peligroso.
Los grillos, saltamontes y langostas son animales que la Biblia considera como alimento. Son una fuente de proteína saludable por su bajo contenido de grasa. Muy recomendados para personas que están en transición a las dietas vegetarianas. Imagen tomada de Internet.
Uno de los argumentos que esgrimen algunos sectores de la ciencia para desvirtuar la veracidad de la biblia es citar a Levítico 11:20 al 23 que alude a la existencia de insectos con 4 patas cuando la zoología de invertebrados y la entomología evidencia que toda la clase insecta posee 6 patas [1] [2] entonces ¿la biblia tiene una imprecisión? La cita dice:
“Tendréis por abominable todo insecto alado que anda sobre cuatro patas. Pero de todo insecto alado que anda sobre cuatro patas comeréis el que, además de sus patas, tiene zancas para saltar con ellas sobre la tierra. De ellos comeréis estos: toda clase de langosta, de langostín, de grillo y saltamontes. Cualquier otro insecto alado que tenga cuatro patas, os será abominación. Versión Reina Valera 1995.
Eso significa que por ahora, ¿podemos comer todos los insectos conocidos hasta ahora, puesto que no se conocen, al menos todavía los insectos de 4 patas?
Miremos el tema con más detalles. La cita identifica a los insectos en relación al uso de las patas como criterio de identificación. Se mencionan específicamente a los saltamontes, grillos, langostas que pertenece al orden Ortóptera, que son altamente apetecidos hoy entre algunos de gastrónomos que tienen preferencias por la entomofagia [3]. Estos insectos tendrían cuatro patas para caminar y dos para saltar y en ello no hay dificultad aparente entre los detractores, pues se mencionan sus seis miembros.
La biblia no especifica cuáles son los insectos alados de 4 patas (הָע֔וֹף שָׁ֫רֶץ), algunos traductores explican que tal vez el texto alude también a reptiles y en general a los animales diminutos, sin embargo se describen las características anatómicas generales: insecto alado que tenga cuatro patas, os será abominación. La cita en cuestión estaría aludiendo también a aquellos insectos que la evidencia entomológica identifica como voladores que caminan sobre cuatro patas y que emplean las dos extremidades anteriores para sujetar su alimento o acicalarse.
La especie Lethocerus es insecto anfibio alada que posee algunos ejemplares entre de 12 a 15 cm de longitud, camina sobre cuatro patas y tiene dos poderosas extremidades anteriores. Foto tomada de Internet.
Por ejemplo el Lethocerus, un insecto grande del orden Hemíptera y de la familia Belostomatidae, es una especie acuática anfibia alada que posee algunos ejemplares entre de 12 a 15 cm de longitud, camina sobre cuatro patas y tiene dos poderosas extremidades anteriores, terminadas en una pinza de gancho curvo que no emplea para caminar si no para sujetar sus presas. En algunas regiones de Asia y EE.UU. se emplea cómo alimento. Pero además del Lethocerus, también caminan sobre cuatro patas el Hemiptera Gerridae, el Hemiptera Lepidio y algunas mantis [4] [5]. Algunas de estas especies son depredadoras de invertebrados vectores de enfermedades de importancia para la salud pública, incluso se les identifica como depredadores que “atacan todo lo que se les cruza." Las moscas también presentan este comportamiento y en especial la mosca doméstica (Musca domestica). Si usted observa detenidamente a una mosca, preferiblemente con una lupa, verá como se acicala con las patas delanteras mientras se posa y camina con las 4 restantes.
La mosca doméstica (Musca domestica) es un insecto alado que camina en 4 patas pero utiliza sus patas delanteras para acicalarse o manipular su alimento. Foto tomada de Internet.
Para cerrar, diremos que tal como lo ha demostrado la evidencia todos los insectos son hexápodos (tienen seis patas) pero el texto justamente alude a la forma en que utilizan sus extremidades, ya sea traseras o delanteras: los unos para saltar, los cuales se podrían comer y los que las usan para manipular su alimento. En ese sentido la biblia no presenta imprecisión y por el contrario alude a una sorprendente descripción técnica toda vez que en aquel entonces no se conocía el sistema de clasificación taxonómica de Carlos Linneo.
¡Estamos sembrando salud!
Daniel Pinzón Gómez. Profesional en salud ambiental (Universidad de Antioquia, Colombia). Estudios en ingeniería agronómica y MSc en Salud Pública. Es docente-investigador de la Corporación Universitaria Adventista (UNAC), Colombia. Miembro del grupo de investigación de Salud y Medio Ambiente de la Facultad Nacional de Salud Pública (FNSP) de la Universidad de Antioquia, Colombia. Ha participado y liderado proyectos relacionados con gestión del riesgo de desastres, sistemas de emergencias y seguridad. Ha participado en investigación de la situación de los sistemas de servicios de emergencias médicas de Latinoamérica y el Caribe (OPS - FNSP). Ha apoyado programas humanitarios en desastres para Colombia y Haití. También ha sido directivo de la Fundación Hospitalaria IPS Universitaria Adventista, Medellín, Colombia. Ha trabajado con la Secretaría de Salud de Medellín operativizando el componente de salud ambiental y con el Departamento de Desastres de Medellín. Actualmente lidera un movimiento denominado Amigos de la Agroecología y la Salud desde donde promueve estilos de vida eco-saludables.
Referencias
1. Arana, F. (2006). Inectos comestibles. Entre el gusto y la aversión. México D.F.: Universidad Autónoma de México (UNAM).
2. Campinera, J. (2008). Encyclopedia of Enthomology. Gainesville Fl: Splinger.
3. DeFoliart, G. (1992). Insects as human food: Gene DeFoliart discusses some nutritional and economic aspects. Crop Protecction, 11(5), 395-399.
4. Miguel, M. (2001). Entomolología. Net. Obtenido de Los insectos: http://entomologia.net/insecta.htm
5. R.W., P. (1988). The use of the Thai giant waterbug, Lecthocerus indicus (Hemiptera: Belastomidae), as human food in California. Pan-Pacific Entomology, 64, 81-82.
6. Jiménez, L. C. V. (2008). Salud pública desde la perspectiva de las ciencias veterinarias. Revista Universidad de La Salle, (46), 182-197.




No hay comentarios:
Publicar un comentario