Especulación #2 ¿Cómo se producen las especulaciones en el constructo sanitario adventista?
Especulaciones en el constructo de salud adventista.
Especulación N° 2.
¿Cómo se producen las especulaciones en el constructo sanitario adventista?
Con el siguiente relato, quiero ejemplificar cómo se perpetúan las distorsiones y las especulaciones relacionadas con el constructo sanitario adventista en el seno de nuestras creencias.
Las lecciones del arroz integral y el arroz blanco
En una gira como estudiante de ingeniería agronómica visité a FEDEARROZ, la agroindustria más importante de arroz en Colombia, en la cual expresamente consulté sobre la inocuidad entre el arroz blanco e integral. Ya había leído previamente en un documento apócrifo sobre las aparente toxicidad del arroz que se consume en nuestra mesa y aprendí en esa gira que todo el arroz comercial que se produce en el país, con excepción de unos poquísimos casos, se deriva de la agricultura basada en el uso de insumos de síntesis química, por lo tanto, me explicaba el científico del centro, que el arroz integral en su proceso de maduración alberga trazas de agrotóxicos que se depositan entre el grano y la cutícula fibrosa lo cual permanece en sus estructuras y no es eliminado en el proceso agroindustrial, lavado o cocción. Según Vergara-Ruiz [1] el arroz, la papa, hortalizas y algunas frutas son los productos agrícolas más contaminados, por lo menos en mi país. Como es lógico en los procesos de acumulación biológica, estos agrotóxicos van a parar al organismo cuando los consumimos produciendo afectos que pueden afectar la salud a la postre. Tal situación no es diferente actualmente.
Partes de la semilla de arroz. Durante el proceso de maduración el arroz sufre la acumulación de trazas de metales pesados y agrotóxicos que se depositan en el salvado, conformado por tres tejidos especializados (pericarpio, tegumento y las capas de aleurona, que tradicionalmente consideramos saludables por su alto contenido de fibra (celulosa) y vitamina B1 (tiamina) Foto tomada de Internet.
La virtud que hemos defendido en el adventismo es que el arroz integral además de su alto contenido de fibra, su cutícula contiene importantes cantidades de tiamina (vitamina B1) entre otros nutrientes [2]. Cuando el arroz sufre su proceso de refinado, se retira la cutícula fibrosa cargada de nutrientes, pero también los agrotóxicos, por lo tanto el arroz blanco, por lo menos en Colombia, aunque menos nutritivo, es más seguro que el arroz integral o semintegral para su consumo. En países donde no exista la producción de arroz integral “orgánico”, no es seguro consumir arroz integral, por lo tanto, el arroz blanco refinado a pesar que nuestro mensaje lo ha demonizado, además de ser un alimento relativamente barato, fácil consecución en el mercado y múltiples usos culinarios, es más seguro para su consumo.
En cierta ocasión le explicaba a una persona los riesgos que representaba el consumo del arroz integral por las razones antes expuestas. Esta persona en su ánimo por defender las bondades del uso del arroz integral, independiente de su toxicidad, decía que un predicador pro-sanitarista le había enseñado que “quien no comía arroz integral le daba Beriberi” una enfermedad producida por la deficiencia de vitamina B1, y que en caso que estuviera contaminado – me explicaba – el “…Señor conoce la intención y lo limpiaría de toda suciedad perjudicial”. Con ese argumento enmudecí, pues comprendí que no habría idea por razonable que fuera que pudiera hacerle entender la postura que intentaba explicarle. Eso es exactamente lo que piensa un protestante no adventista con respecto a las carnes inmundas. Esta persona tenía ante todo miedo que se le deconstruyera su paradigma y requería de argumentos que reafirmaran su creencia, aunque fuera equivocada, según mi parecer.
La idea que quiero expresar con esta anécdota es cómo nacen, crecen y se reproducen las distorsiones en el mensaje de salud adventista. Muy seguramente el predicador de la anécdota indicó en sus enseñanzas que las deficiencias de vitamina B1 podrían producir Beriberi y que para prevenirla, una fuente confiable de este micronutriente es el consumo de arroz integral o semintegral, estimulando así la importancia de su consumo. La distorsión se produce cuando mi interlocutor esgrime un argumento que el predicador quizás nunca dijo, usando una idea afín pero que fue desfigurada: que la ausencia de arroz integral en la dieta produce Beriberi y una versión más elaborada de la deformación, pero más sutil de la idea sería que el arroz blanco produce Beriberi, lo cual ciertamente es falso.
Cuando este tipo de información se reproduce en círculos poco informados con feligreses escasamente formados o personas que asumen como verdad absoluta todo lo que es enseñado por los reformadores pro-sanitaristas con algún tipo de credibilidad, muy común en corrientes fundamentalistas del adventismo, resultan inmortalizando verdades a medias. Recordemos que toda verdad a medias es una mentira a medias y si seguimos los absolutismos creenciales de nuestra fe, las mentiras a medias no existen, entonces, estamos frente a una mentira rotunda.
De esta manera se perpetúan distorsiones en el mensaje sanitario adventista que son eternizadas por predicadores, evangelistas, incluso, por profesionales de la salud poco informados, que en busca de confirmar las creencias, resultan construyendo especulaciones.
Las generalizaciones: otro aporte a las distorsiones.
Otro elemento que le aporta valores agregados a las especulaciones son las generalizaciones de la realidad particular, la cual considera que un fenómeno que ocurre aisladamente en determinado tiempo, lugar y circunstancia se produce de manera semejante en otro. Un ejemplo de ello es decir que los adventista se enferman menos y viven más y por lo tanto viven en ventaja [adventist advantage] con respecto al resto de población [3, 4, 5] y prueba de ello es la evidencia aportada por los estudios de salud realizados en varios países, entre los cuales están a la cabeza los realizados por la Universidad de Loma Linda [6, 7,8, 9, 10, 11, 12,13]. Sin embargo lo que la evidencia ha demostrado es que esta tendencia se da en los adventista analizados de países de altos ingresos, donde se concentran el 11% de la población adventista, pero estos estudios no se han aleatorizado en países de medianos y bajos ingresos [14]. Estos estudios tampoco toman en cuenta que un gran número de la población mundial padece hambre, pobreza, subnutrición, desastres, guerras, conflictos armado, desplazamiento e inestabilidad política y crisis ambientales, entre esta población viven el 89% de los adventistas del mundo [15,16]. Por lo tanto decir que los adventistas viven más y mejor es una excesiva generalización que camina con la especulación. Sin embargo esta idea tiene a reinar en nuestro sistema de creencias en salud.
El estudio de salud adventista se ha desarrollado con éxito en adventistas de países desarrollados, especialmente en EE.UU.. Decir que los adventistas viven más y mejor es una excesiva generalización que no necesariamente a la realidad de la mayoría de los adventistas. Foto tomada de Internet.
Nuestro sistema de creencias en salud está altamente cargado de sesgo de confirmación, el cual se entiende como la tendencia a seleccionar la información que confirma las propias creencias o hipótesis y se manifiesta cuando la gente reúne o recuerda información de manera selectiva, o cuando la interpreta sesgadamente con el fin de reafirmar sus ideas o creencias. El efecto es más fuerte en publicaciones con contenido emocional y en creencias firmemente enraizadas. [17]
Es por ello que buscamos evidencia en salud que demuestra que el estilo de vida adventista prueba lo que creemos y despreciamos o evitamos aquella que desvirtúa nuestras creencias. Un feligrés altamente orientado al sesgo de confirmación escuchará prédicas y leerá información que le reafirmen sus convicciones y despreciará las que le sean contrarias.
El gran peligro de las distorsiones y las especulaciones es que se constituyen en aspectos que vulneran y desvirtúan el mensaje de salud adventista pues estas fisuras son manjar de reinas para los detractores de nuestra fe.
Paz y gracia.
Daniel Pinzón Gómez. Profesional en gestión sanitaria y ambiental (Universidad de Antioquia, Colombia), con una maestratura en Salud Pública (Atlantic International University, EE.UU), también cuenta con estudios universitarios en atención prehospitalaria. Ha sido docente investigador de la Corporación Universitaria Adventista (UNAC), Colombia en el área de atención prehospitalaria y de estilo de vida saludable. Miembro del grupo de investigación de Salud y Medio Ambiente de la Facultad Nacional de Salud Pública (FNSP) de la Universidad de Antioquia, Colombia. Ha liderado proyectos relacionados con gestión del riesgo de desastres, sistemas de emergencias y seguridad. Ha participado en investigación de la situación de los sistemas de servicios de emergencias médicas de Latinoamérica y el Caribe (OPS - FNSP). Ha apoyado programas humanitarios en desastres para Colombia y Haití. También ha sido Director Administrativo y de Calidad del Centro Médico Adventista de Colombia. Actualmente trabaja para la Alcaldía de Medellín en proyectos en salud ambiental. |
Referencias.
1. Vergara Ruiz Rodrigo. Residuos de plaguicidas en alimentos: situación crítica en Colombia. Conferencia dictada en: “Seminario Internacional de Plaguicidas – Rionegro (Antioquia). Noviembre 16, 17 y 18 – 2011.
2. Hernández-Rodríguez M. Tratado de Nutrición. Madrid. Ed. Díaz de Santos. 1999 p. 404.
3. Beeson, L. The Adventist advantage. Rev. College and University Dialogue 1999; 11(2); p 8-11
4. Beeson WL, Mills PK, Phillips RL, Andress M, Fraser GE. Chronic disease among Seventh-day Adventists, a low-risk group. Rationale, methodology, and description of the population. Cancer. 1989 Aug 1; 64 (3):570-81.
5. Buettner D. The Blue Zone: Lessons for living longer from the people who’ve lived the longest. Washington, DC: National Geographic Society; 2008.
6. Fonnebo V.; Helseth A. Cancer incidence in Norwegian Seventh-day Adventist 1961 to 1986. Cancer 68:666-671.
7. J. Berkel, The clean life: Some Aspect of Nutritional and Health Status of Seventh-day Adventist in the Netherlands (Amsterdam, Netherlands: Drukkerij Insulinde, 1979: 713
8. Jenson OM. Cancer risk among Danish male Seventh-day Adventists and other temperance society members. J Natl Cancer Inst.; 1993; 70:1011–1014.
9. Berkel J, deWaard F. Mortality and life expectancy of Seventh-day Adventists in the Netherlands. Int J Epidemiol; 1983; 12:455–459.
10. Jedrychowski, W. et al. Survival Rates among Seventh Day Adventists Compared with the General Population in Poland Scand J Public Health June 1985 13: 49-52.
11. Kuratsune M, Ikeda M, Hayashi T. Epidemiologic studies on possible health effects of intake of pyrolysates of foods, with reference to mortality among Japanese Seventh-day Adventists. Environ Health Perspect; 1986; 67:143–146.
12. Hokin BD; Butler T. Cyanocobalamin (vitamin B-12) status in Seventh-day Adventist ministers in Australia. Am J Clin Nutr September 1999 vol. 70 no. 3 576s-578s
13. Armstrong B. Van Merwyk AJ, Coates H. Blood pressure in Seventh-day Adventist vegetarians. Am. J. Epidemiol. (1977) 105 (5): 444-449.
14. Pinzón – Gómez D. (2013). Estilo de vida saludable (EVS): limitaciones del enfoque biomédico. Rev. Apuntes Universitarios. Año III, Núm. 1, p 9-26
15. Pinzón-Gómez, Daniel. (2014). Barreras para el comportamiento saludable desde la perspectiva de los determinantes sociales de la salud-enfermedad. Revista Científica de Ciencias de la Salud, 7(1), 64-71.
16. Pinzón-Gómez D. Seguridad alimentaria como contexto para un estilo de vida saludable en relación con la dieta-nutrición. 2015. [Sin publicar]
17. Wikipedia. Sesgo de Confirmación. [Internet]. Disponible en: https://es.wikipedia.org/wiki/Sesgo_de_confirmaci%C3%B3n#cite_note-plous233-1 Consultado el agosto 15 de 2015.


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